¿CARNALES O
ESPIRITUALES?
Fuente: Congregación León de Judá
Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu
es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro, de manera que
ustedes no pueden hacer lo que deseen. Gálatas 5:17
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Y de todo cuanto mis ojos deseaban, nada les negué, ni privé a mi
corazón de ningún placer, porque mi corazón gozaba de todo mi trabajo. Esta
fue la recompensa de toda mi labor. Eclesiastés 2:10
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El mismo día que Ana levantó su mano y su corazón para recibir a Cristo,
quiso Dios que escuchara su primer sermón en la iglesia y en este la Palabra de
Dios hablaba constantemente de la carne.
Al terminar el servicio, se dirigió a un grupo de hermanos que
comentaban el sermón y con ojos asombrados y rostro dudoso, preguntó: Hermanos,
¿qué cosa es la carne esa de que habló el pastor…qué quiso decir con eso de
estar en la carne?
Ana recibió una multitud de respuestas, pero su rostro, al final,
reflejaba una incertidumbre total. Evidentemente sus dudas se habían
acrecentado sobre el particular y nadie había dado en el clavo con una
explicación convincente.
La carne es esa parte de nosotros que no se rinde al Señor y se
congracia con el mundo para buscar lo que no es de Dios.
Es el deseo egoísta de satisfacer nuestras necesidades, pero sin contar
con Dios, es revolcarnos en nuestros afanes y someternos a nuestro propio yo.
Y lo peor, es tratar de querer ser Dios. El libro de Eclesiastés es un
precioso manual de enseñanzas sobre los peligros de vivir en la carne y no
según la voluntad y bajo el control de nuestro Señor.
Estar en la carne es un intento de sacar a nuestro creador del juego. La
Palabra nos advierte: Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la
carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre,
sino del mundo. (1Juan 2:16).
¡Ah, los afanes de la carne! ¡Cuántas veces caemos en la misma trampa!
Quien primero trató de ser como Dios fue Satanás. Él tentó a Adán y Eva
para que sintieran también el deseo de querer ser como Dios.
Esa es la tendencia que la Palabra llama carne. Como él ya perdió su
propia batalla en la cruz en este afán, su vocación preferida es intentar que
los redimidos en Cristo andemos rasgando nuestras vestiduras en señal de
derrota por causa de la carne.
El rey Salomón entendió el pecado de la carne, se concedió todos los
placeres y deseos carnales pero al final dijo “…y vi que todo era absurdo, un
correr tras el viento, y que ningún provecho se saca en esta vida” (Eclesiastés
2:11)
El deseo de la carne es contra el Espíritu. Si hemos conocido al Señor y
verdaderamente hemos nacido de nuevo, entonces ya no debemos ser carnales, sino
espirituales.
No es una opción, sino que, al proyectarnos como tal, estamos cumpliendo
con la voluntad del Señor, quien nos ha dado una nueva naturaleza, un Espíritu
redentor y poderoso que anhela de nosotros un crecimiento a la estatura de la
plenitud de Cristo.
Si a Él le hemos dado el control de nuestras vidas, si Él reina en el
altar de nuestra sumisión y obediencia por el Espíritu que está en cada uno de
nosotros, huiremos con facilidad de las tentaciones, y viviremos conscientes
del sacrificio de Cristo; en paz con Él y con el prójimo.
Recibe una Bendición y un Saludo de Tú Amigo
Dios Oye.
Centro Cristiano “Cristo es la Puerta”
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